SOMOS “TRANSHUMANISMO”

Pienso, luego existo“, es un planteamiento filosófico de René Descartes, el cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental. Los gurús de New Age y sectas espirituales orientales insisten en que para la evolución de la consciencia habría que parar el diálogo interior y conseguir la mente vacía.

Tal técnica denominada meditación suma cada vez más mentes a su conquista. A veces hay más sabiduría en la observación cotidiana de la vida que en las empolvadas páginas de los libros. Cuando tenemos hambre y vemos la cocina sucia, no dejamos de comer. Lavamos meticulosamente todos los utensilios de cocina y pasamos el trapo con quitagrasas por cada rincón. Y una vez esté limpia y ordenada procedemos a cocinar para disfrutar de una rica comida. Se puede estrechar una fina paralela ideológica con la práctica de la meditación. Si sientes hambruna espiritual necesitas limpiar la mente, no dejar de pensar.

¿Qué es el pensamiento?

El pensamiento está vinculado con el lenguaje lo cual es una función cerebral para el procesamiento y producción del habla. Las nuevas técnicas de formación de imágenes médicas, tales con PET y FMRI (imagen por resonancia magnética funcional) han permitido a los investigadores generar imágenes que muestran qué áreas de un cerebro están activos en un momento dado.
En el pasado, la investigación se basaba principalmente en la observación de la pérdida de capacidad resultante de daños a la corteza cerebral. Desde ese avance, se ha descubierto toda una serie de áreas relativamente grandes del cerebro implicadas en el procesamiento del habla. Ahora se asume generalmente que algunas estructuras de la corteza cerebral cerca de las cortezas auditivas primarias y secundarias desempeñan un papel fundamental en el procesamiento de voz. La conclusión está en que no existe el pensamiento sin voz interior ni lenguaje. Los pensamientos es ese ente que parlotea, pero no solo conversa, también canta los hits preferidos. Pero los sentimientos no necesitan de lenguaje interior, se materializan en el interior del ser humano tomando forma de una materia de naturaleza desconocida.

Los pensamientos, ¿son nuestros?

¿”Pienso, luego existo”? Descartes fue acusado de plagio, especialmente por la coincidencia con el texto de Gómez Pereira en 1554: “Conozco que yo conozco algo. Todo lo que conoce es; luego yo soy“. Con esto nos acercamos aún más a la verdad oculta porque conocer es una de las actividades mentales reales al contrario del pensamiento que es un proceso relacionado con la percepción, el intercambio, la transmisión y el almacenaje de información asociado con la memoria y no tiene nada que ver con nuestra idea del pensamiento como un acto de la sabiduría o inteligencia. Se resume en un simple y mecánico proceso de elección y toma de decisiones basado en toda la información archivada. Pero, no actuamos únicamente en relación a nuestras percepciones y memoria. Hay un amplio espacio informativo que, como un cinturón de asteroides o basura espacial flotan, interfiriendo en nuestro proceso pensativo. Es decir, la mayoría de éstos pensamientos son ajenos a nosotros. Todos los seres humanos muchas veces experimentan la sensación de detectar repentinamente un pensamiento que está absolutamente fuera de la cadena lógica que tenía lugar en su cerebro. Un ejemplo común del subconsciente colectivo al que estamos conectados se puede observar en sitios como conciertos o festivales o durante los partidos de fútbol. Alguien que vino a acompañar a un amigo puede acabar incluso sabiéndose las letras de un cantante que jamás le había interesado o haciéndose fan de un equipo de futbol y celebrando sus goles. Y todo en cuestión de horas. La mente humana es un procesador instalado en cada uno de nosotros que capta señales y las transmite en forma de pensamientos. 

Los animales no piensan, conocen y sienten. Los pájaros, por ejemplo, conocen la dirección hacia la cual tienen que emprender la emigración. Carecen de ese procesador interno que les confunde. Un tigre conoce que es tigre y no se cuestiona la naturaleza de su ser. De lo contrario, podría pensar que tal vez es un delfín e una zebra o un águila y tras casi morirse probando a vivir todos estos roles, llegaría con suerte a descubrir que es tigre y comenzar a vivir siendo fiel a su naturaleza. Los animales saben intuitivamente bajo que leyes se rige su existencia. Excepto los monos, los monos sí piensan, de ahí el efecto del centésimo mono, que, desde mi punto de vista, ha demostrado el infalible funcionamiento de la Matrix a baja frecuencia. Y los monos son nuestros primo-hermanos en la escalera evolutiva de la consciencia. Es decir, también se les instaló la mente, quizás como pruebas…

La memoria opera con sentimientos

Para poder elegir, nuestra mente necesita procesar toda la información obtenida hasta el momento buscando en la memoria. Y el análisis se reduce a comparar y sopesar los datos que se guardan en nuestros archivos en forma de múltiples carpetas de imagen, sonido, video, documentos, etc. Podemos pensar en si aquella persona que amamos secretamente nos corresponde, especulamos tirando de nuestros archivos relacionados con el comportamiento de personas enamoradas. Podemos pensar qué hacer el fin de semana, inspirándonos en experiencias pasadas o artículos del internet. Podemos pensar qué ingredientes quedan mejor en una pizza y activar la memoria de nuestras papilas gustativas. Cualquier pensamiento no es más que un análisis. Pero es un análisis de sentimientos, es decir, cualquier acontecimiento importante en nuestra vida se guarda en la memoria en formato “sentimiento”. No recordamos los pensamientos, solo recordamos cómo nos hemos sentido al respecto.

 

Los pensamientos son de naturaleza artificial.

Informática es un absoluto clon de la mente humana. En ese sentido los ordenadores ya nos están superando. ¿Saben pensar los ordenadores? Según parece, que Si y además lo hacen mejor que nosotros. Son capaces de batirse y ganar partidas a los mejores ajedrecistas del mundo. Toda la ciencia de ese “seudopensamiento” se basa en un procedimiento llamado “combinatorica” — combinar y comparar posibles variantes del futuro desarrollo de los acontecimientos. La sabiduría popular hace mención a estos procesos en forma de expresiones como “elegir el mal menor” o “elegir el bien mayor”, etc. Pero siempre, detrás de cada decisión importante estará una simple elección. Está claro que no existe ningún efímero proceso de “pensamiento”. ¿Entonces, cuál sería la determinante que nos diferencia de las máquinas? No es ni conocimiento, ni pensamiento desde luego. De manera que los Sres. Descartes y Gómez Pereira han contribuido bastante a la aparición del nuevo escenario de Armagedón llamado “TRANSHUMANISMO”.

Cuando me enteré sobre los progresos de la robótica y vi aquellos sofisticados robots equipados con una asombrosa cantidad de acciones tan propias de los humanos, más una inteligencia notablemente superior a las posibilidades de las mentes más prominentes, pensé: que maravilloso aporte para la seguridad de la humanidad. Tales creaciones podrán salvar tantas vidas. Participar en complicados rescates, donde a menudo, en vez de salvar vidas, se pierden vidas de policías, militares, médicos, bomberos. Y no eran más que sueños ingenuos de alguien desubicado del mundo real. Los robots son “armas camufladas” en todos los sentidos, armas portando armas en las confrontaciones militares y armas mortales contra la humanidad. 
La inteligencia artificial está prácticamente inyectada en nuestras venas a través del los teléfonos móviles, donde aplicaciones como watsapp o redes sociales te ofrecen una reducida variedad de emoticonos para expresar tus emociones. Las mascotas virtuales saltan y sonríen irresistiblemente desde las pantallas de las tablets infantiles. Reclaman cuidados y mimos que se entregan pulsando botones. Y los niños pulsan botones, alejándose en cuerpo y espíritu del concepto de sentir. Se ve que los perros y gatos reales no saben sonreír… Pero el principal centro de operaciones de la inteligencia artificial es nuestra mente, es lo que nos convierte a día de hoy en transhumanos. Todos somos biorobots, copias de copias de copias, como decía Jean Baudrillard.

Siento, luego existo.

Parece que la humanidad tiene la única arma más potente y además imposible de clonar por la inteligencia artificial. Como hemos deducido  ni pensar ni saber nos va a ayudar. Nuestro poder como seres humanos reside en sentir.
Los sentimientos son el único determinante que nos va a salvar de la exterminación total como especie. Somos seres creativos debido a sentimientos que tenemos y que nos impulsan a imaginar, a soñar, a crear nuevas formas. Por muy inteligentes que sean los ordenadores no podrán salir desde el ámbito de lo creado y superar su propia estructura.  Creatividad es otro denominador que nos diferencia de las máquinas.
La tecnología pura no es autosuficiente ni podrá sobrevivir sin humanismo. Además, pierde todo el sentido porque carece de otro factor más importante — la vida. Y sentir es la esencia de la vida. La inteligencia es propia de las máquinas y trata de convencernos de que conocer o pensar es lo que nos hace humanos. Estas afirmaciones funcionan como un señuelo, para atraparnos como peces y colocarnos en un aquarium, haciéndonos creer que esta pequeña burbuja de cristal es el único mundo que existe, mientras que todo un océano queda fuera del alcance y comprensión, condenándonos a una existencia de mentira!
Aislamiento, apatía, reducción del rango de percepción, control, límites—son los características de la vida dentro del sistema que como objetivo final tienen la obstrucción de nuestra capacidad de sentir. Algo que está a punto de suceder en su totalidad. Hace tiempo vi un reportaje sobre un equipo de profesionales que grababan un documental en la jungla. Un nativo les acompañaba en calidad de guía y me sorprendió la capacidad de aquel hindú de sentir a las criaturas de la selva. Se acercaba a peligrosos cazadores felinos y determinaba a través de una conexión intangible su predisposición a “posar” ante las cámaras de los hombres. Los camarógrafos le preguntaban sorprendidos, cómo podía comunicarse con los animales y el nativo contestaba: Los siento.
La verdadera fórmula es “SIENTO, LUEGO VIVO“. Sentir significa vivir y existir, pero existir sin sentir es solo existir y nada más.
Es la única razón por la que el sistema necesita a los humanos. Atrapan la consciencia humana para hacer funcionar su mundo y dar sentido a su vacía y mecanizada existencia.
La Matrix es el Demiurgo de los gnósticos. La consciencia siempre quiere liberarse y destruir a su opresor. Pero el conformismo, el consumismo, el egoísmo y los demás ismos no nos dejan despertar de este sueño profundo y mortal para nuestro alma.
Solamente se puede conseguir la liberación abriendo el corazón al mundo y empezar a sentir con todos los atributos de este proceso como la empatía y compasión. Los sentimientos no mienten nunca y la verdad nos hará libres.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: