¿Qué es el Sistema?

El sistema en el que vivimos popularizado por la famosa trilogía cinematográfica Matrix es un organismo vivo. Es un sistema que se auto-gestiona. Nuestro mundo está tejido por una red de cableado invisible de origen biológico.

Las bacterias que cubren el fondo oceánico son capaces de transmitir señal y conectar con la vegetación continental. Las raíces y las hojas también conforman la estructura de esta enmarañada red de comunicación orgánica. Nuestro mundo funciona a modo de una gigantesca memoria flash capaz de almacenar todo tipo de información y además se comunica. La tierra por la que caminamos ve, oye, piensa y siente.

Antiguamente, hace apenas unos mil años, los seres humanos no eran gestionados por el sistema. Nuestros antepasados convivían en armonía con la naturaleza, siendo un órgano más suyo y cada uno conocía el sentido de su vida. Cada ser humano emanaba libremente su voluntad y cumplía sus deseos, mientras aprendía las leyes de la naturaleza. Los primeros seres humanos (creados a la imagen y semejanza de Dios) habilitaban la Tierra para la vida desde el conocimiento y la facultad de crear.
Se construían magníficos palacios que ahora yacen en el fondo del océano y se concebían maravillosas criaturas que ahora son leyendas. Cuando El Mundo fue conquistado por fuerzas “oscuras”, los vencedores instalaron El Sistema, se podría decir que hackearon el mundo convirtiéndolo en Matrix. Para someter a los seres humanos les implantaron la mente — el intelecto artificial, que está programado para obstruir la emanación de la voluntad. Si un ser humano no sabe quién es y desconoce qué es lo que quiere, no tendrá para qué luchar. 

¿Cómo se puede salir del Sistema?

Siempre hay seres humanos que se sienten asfixiados o atrapados por el Sistema, buscan caminos alternativos al preestablecido socialmente, quieren escaparse de “la vida que llevan”. Se sienten como un pez dando vueltas en un acuario y sueñan con el océano. Planean su huída y piensan que una vez ahí, en el océano, serán libres.

Hay una ramificación dentro de diversas tendencias sociales, que ha tenido diferentes nombres según épocas y países. Se forman a raíz de la idea de algunos seres humanos de abandonar el sistema, justificándose con su negación hacia las reglas del sistema, la amoralidad de su infraestructura y sus leyes. En una gran mayoría de los casos, se trata de personas caprichosas y volubles, que adoptan la vagancia como estilo de vida y el fracaso social como propia elección. Hippies, mochileros, limosneros de todas las actividades recreativas, son severamente castigados por el sistema. El sistema les indica el camino de reinserción a base de una educación forzada en la “escuela de la vida”.

En la historia de la mística cultura sufí encontramos un epíteto a la idea de “salir del sistema”. Para ser admitido como aprendiz en la hermandad sufí un ser humano tenía que haber formado una familia, haber desarrollado destreza en la actividad social elegida y haber abastecido así económicamente a sus seres queridos, haber transmitido conocimientos e inspiración a sus hijos y nietos y haberlos orientado hacia el camino correcto. Y solo así, habiendo “superado” los niveles básicos del sistema, podían salir de  Matrix y emprender el camino de la emanación de la voluntad y del conocimiento, lleno de magia y misterio.

La trilogía de Matrix refleja la estructura interna (no visible) del sistema. Cuando vemos a Neo en estado de sueño inconsciente, sumergido en una especie de sarcófago y conectado a numerosos cables es una alegoría de la existencia del “ser humano aleatorio” dentro del sistema. El 95% de los seres humanos duermen durante toda su vida. Conciben el mundo con un mínimo de la totalidad de su consciencia. Los cables a los que está conectado el cuerpo de Neo simbolizan que en estado durmiente el ser humano se convierte en una “pila” para el sistema, y mientras pueda generar energía, el sistema emanará su propia voluntad a través de él. Neo junto con sus alegados “sale del sistema” y emprende una feroz lucha contra su dictadura. Pero el final de la famosa trilogía Matrix fue alterado del guion original y el verdadero final es que Sion también era una parte de Matrix, ya que el sistema va siempre un paso por delante de los seres humanos, y diseña aplicaciones especiales para los espíritus rebeldes. El auténtico Matrix se termina con la escena del Gran Arquitecto mostrándole a Neo los sarcófagos con los cuerpos de Neo, Morfeo y Trinity, profundamente dormidos y conectados a los cables.

Nadie puede salir de Matrix, pero sí se puede ser libre dentro de Matrix (excepto seres humanos con Karma agraviado) alcanzando un profundo conocimiento acerca de su funcionamiento, llegando a amarla. Se consigue mediante continuo esfuerzo ejercitado sobre nuestra voluntad. Imaginémonos un avanzado videojuego. Todo videojuego consiste en superar una serie de obstáculos con el fin de llegar a una meta preestablecida y avanzar al siguiente nivel. Así que la única forma de ser libre dentro del sistema es evolucionar y pasar todos los niveles. En la cumbre de las posibilidades y talentos desarrollados el ser humano vive un cuento de hadas hecho realidad, todos sus sueños se cumplen.

Otra forma de ser libre dentro del sistema es el amor. El amor es de origen onírico, “divino”. Todo acto de amor verdadero expulsa automáticamente al ser humano fuera del área del control del sistema, ya que Matrix no puede detectarlo y solo registra las vibraciones que al amor le corresponden; que a su vez corresponden a las emanadas por la cumbre de las posibilidades y talentos desarrollados por el ser humano. De esa manera, se podría decir que el amor es un atajo en el largo camino de aprendizaje que representa el Sistema. Pero en la actualidad, es la forma más difícil y el ser humano con suerte podrá tener una posibilidad en su vida para el acto de amor verdadero; y sólo se le presenta a aquel que es capaz de eso. En la mayoría de los casos toda una reencarnación puede ser predestinada solo para aprender a amar al menos a un ser humano.

El Sistema es una cárcel, pero también es una escuela. Para algunos puede ser una condena, pero para otros una herramienta, y solo el ser humano decide su destino dentro de la Matrix. El acuario es en realidad un filtro implantado en los sentidos del pequeño pez y si lo desconecta podrá ver el enorme océano a su alrededor.

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